Davinci, piensa en lo imposible
El tiempo circular y la religión

El tiempo circular (tercera parte). Implicaciones filosóficas y teológicas.

Una vez expuesto, desde el punto de vista científico, el modelo del tiempo circular, en la primera y la segunda parte de esta serie de artículos, ha llegado el momento de abordar las implicaciones filosóficas y teológicas de dicho modelo.

Si recordamos el modelo circular, podemos definirlo como aquel en el que el tiempo no transcurre de forma lineal, sino que, en su lugar, lo hace de forma cíclica. Lo que supone una repetición, teóricamente infinita, de todo lo que sucede.

Desde este punto de vista, estaríamos atrapados en nuestra vida en un bucle infinito, en el que nos veríamos condenados a repetir una y otra vez nuestra propia existencia. Algo que, de entrada, no se nos antoja demasiado apetecible. Sin embargo, merece la pena examinarlo con más detenimiento.

¿Cuál sería el objetivo de una existencia eternamente repetida desde un punto de vista espiritual?

Lo cierto es que en las tradiciones filosóficas de la India (hinduismo, budismo, jainismo, bön, sijismo) y también en otras como el gnosticismo, los Rosacruces y otras religiones filosóficas antiguas del mundo, existe el Saṃsāra (en sánscrito: संसार), el ciclo de nacimiento, vida, muerte y encarnación (renacimiento en el budismo).

Según estas religiones, en el transcurso de cada vida, el Dharma (acciones hechas para bien) y el Karma (consecuencia de lo realizado/decidido) determinan el destino futuro de cada ser en «el proceso del llegar a ser» (evolución o involución). Este proceso cíclico termina con el logro del moksha (unión con Dios).

Budismo
Monjes budistas

Estos principios son muy similares a los planteados por el modelo de tiempo circular. Si hacemos algunas modificaciones, podemos realizar un primer acercamiento religioso a nuestro modelo.

Lo primero y más importante es que la reencarnación debe pasar de ser considerada el paso físico del alma de un cuerpo a otro, a una transmigración al mismo cuerpo, pero en el siguiente ciclo temporal. Dicho de otra manera, al morir no reencarnaríamos en otra persona o ser sino en nuestro propio cuerpo, teniendo la oportunidad de volver a vivir nuestra vida desde el principio en un nuevo ciclo temporal.

Lógicamente, surge una pregunta de inmediato ¿cómo va a haber evolución espiritual si repetimos una y otra vez los mismos actos en un bucle eterno?.

La respuesta es que nada en el modelo de tiempo circular implica que tengamos que repetir los mismos actos una y otra vez. Lo único que afirma dicho modelo es que el tiempo vuelve a comenzar con las mismas condiciones iniciales una y otra vez.

La libertad de la que goza el ser humano no sería, como habitualmente creemos, una mera capacidad de elección, sino que implicaría también que somos capaces, ante las misma condiciones iniciales, de tomar decisiones distintas en cada ciclo vital. Aprenderíamos así de nuestro errores en una suerte de prueba y ensayo, hasta alcanzar la perfección espiritual.

Pero el modelo circular implicaría un cambio más, un cambio transcendental en el paradigma de condenación y redención. Siguiendo el razonamiento religioso oriental, «el proceso del llegar a ser», ya no sería un logro individual, sino que implicaría que todos y cada uno de nosotros deberíamos alcanzarlo en un último ciclo temporal, logrando así moksha (unión con Dios). En ese momento seria el fin del tiempo circular.

No deja de tener cierta belleza y elegancia, concebir que la salvación pueda no ser un objetivo individual, sino colectivo. No habría así cabida para condenados o infiernos eternos, sino una unión final con Dios para todos. A fin de cuentas, ¿quién con buenos sentimientos podría ser del todo feliz si supiera que otros están sufriendo?

1 comentario en «El tiempo circular (tercera parte). Implicaciones filosóficas y teológicas.»

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