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El Libro de Toth II: Toth y Hermes Trismegisto

EXPEDIENTE DAVINCI 001 · PARTE II

El Libro de Toth: Toth y Hermes Trismegisto

Cuando Egipto y Grecia comenzaron a mirarse mutuamente, el dios Toth cambió de rostro. El escriba de los dioses fue identificado con Hermes, y de esa unión nació una de las figuras más influyentes de la historia del esoterismo occidental: Hermes Trismegisto.

En la primera parte seguimos la pista del Libro de Toth dentro del imaginario egipcio: relatos de conocimiento prohibido, libros escondidos, tumbas, sacerdotes, escribas y castigos divinos. Pero la historia no termina en Egipto. De hecho, una de sus transformaciones más importantes comienza cuando otra cultura entra en escena.

Los griegos llegaron a Egipto y encontraron allí un dios relacionado con la escritura, la medición, el cálculo, la magia y la sabiduría. Para ellos, aquella figura resultaba extrañamente familiar. También tenían un dios vinculado al lenguaje, la comunicación, la astucia y ciertos saberes fronterizos. Su nombre era Hermes.

Cuando Toth se convirtió en Hermes

La identificación entre divinidades de distintas culturas no era excepcional en el mundo antiguo. Los griegos tendían a reconocer a sus propios dioses bajo nombres extranjeros. Así, Toth fue identificado con Hermes. La ciudad egipcia de Khmun, gran centro de culto a Toth, pasó a ser conocida por los griegos como Hermópolis: la ciudad de Hermes.

Pero aquello fue mucho más que un simple cambio de nombre. Al fusionarse ambas tradiciones, los libros y conocimientos atribuidos a Toth empezaron también a vincularse con Hermes. El dios egipcio de los escribas se convirtió, en el horizonte grecorromano, en una figura capaz de atravesar religiones, filosofías y lenguajes simbólicos.

Toth era Hermes. Hermes era Toth. Y si los libros pertenecían a Toth, también podían pertenecer a Hermes.

Los libros de Hermes

Siglos después, Clemente de Alejandría describiría una procesión sacerdotal egipcia en la que se transportaban libros atribuidos a Hermes. No hablaba de uno solo, sino de cuarenta y dos. Según su descripción, aquellos libros contenían conocimientos relacionados con la religión, los himnos, los rituales, la astronomía, la geografía, la medicina y otras disciplinas sacerdotales.

La cifra importa menos que la idea: el saber egipcio podía presentarse como una colección de libros sagrados atribuidos a Hermes. Y Hermes, en ese contexto, no era ya únicamente el mensajero de los dioses griegos. Era también el heredero de Toth.

¿Estamos ante la transformación de los antiguos libros de Toth? No podemos afirmarlo de forma directa. Pero la continuidad simbólica es muy sugerente: escritura, sabiduría, templos, sacerdotes, transmisión restringida y atribución divina del conocimiento.

Hermes Trismegisto

Con el tiempo, Hermes sufrió una nueva metamorfosis. Dejó de ser solo un dios y empezó a convertirse también en un sabio antiquísimo, un maestro primordial, supuesto autor de textos capaces de revelar los secretos del cosmos. Ese Hermes recibió un nombre destinado a atravesar los siglos: Hermes Trismegisto, Hermes el tres veces grande.

La figura de Hermes Trismegisto ocupó un lugar central en la imaginación filosófica, religiosa y esotérica de Occidente. Sus escritos fueron leídos como vestigios de una sabiduría antiquísima, anterior incluso a buena parte de la tradición griega. Durante mucho tiempo se pensó que aquellos textos transmitían una doctrina procedente del Egipto más remoto.

Hoy sabemos que los textos herméticos conservados pertenecen al mundo helenístico y romano, no al Egipto faraónico en sentido estricto. Pero eso no les resta interés. Al contrario: los convierte en testimonio de un momento cultural fascinante, en el que Egipto, Grecia y Roma mezclaron dioses, lenguas, símbolos y formas de entender el conocimiento.

El Corpus Hermeticum

El conjunto de textos atribuidos a Hermes Trismegisto acabaría siendo conocido como Corpus Hermeticum. En ellos encontramos diálogos sobre Dios, el cosmos, el alma, la mente, la creación y la posibilidad de una transformación espiritual del ser humano mediante el conocimiento.

El tono es distinto al de las narraciones egipcias sobre Setne y Naneferkaptah. Ya no estamos ante una aventura dentro de una tumba ni ante un libro robado a un dios. Estamos ante una literatura filosófico-religiosa que presenta el conocimiento como camino de elevación interior.

Sin embargo, la pregunta de fondo sigue siendo parecida: ¿puede el ser humano acceder a una sabiduría superior? ¿Existe una enseñanza capaz de revelar la estructura secreta del mundo? ¿Puede el conocimiento transformar al que lo recibe?

La sabiduría antigua y el Renacimiento

Durante el Renacimiento, los textos herméticos recibieron una atención extraordinaria. Marsilio Ficino los tradujo al latín en el siglo XV, y muchos pensadores europeos creyeron estar leyendo una sabiduría antiquísima procedente de Egipto. Hermes Trismegisto parecía ofrecer un puente entre filosofía, religión, magia natural y conocimiento del cosmos.

Más tarde, la crítica histórica situaría esos textos en un contexto mucho más tardío. Pero para entonces la huella cultural ya era inmensa. El hermetismo había alimentado la alquimia, la magia renacentista, ciertas corrientes filosóficas y buena parte del imaginario esotérico occidental.

El Libro de Toth, en este punto, ya no necesita existir como un único volumen material. Sobrevive como una idea: la posibilidad de que un conocimiento muy antiguo, quizá egipcio, quizá divino, haya viajado bajo distintos nombres.

La pregunta DAVINCI

¿Desapareció el Libro de Toth o cambió de nombre? Históricamente no podemos trazar una línea recta desde los relatos egipcios hasta el Corpus Hermeticum. Sería forzar las fuentes. Pero sí podemos observar una continuidad de motivos: el dios de la escritura, los libros sagrados, el saber reservado, la promesa de acceder a un conocimiento superior y la convicción de que Egipto guardaba una sabiduría excepcional.

Tal vez el Libro de Toth nunca fue solo un libro. Tal vez fue una forma de imaginar el origen del conocimiento. Primero perteneció a Toth. Después a Hermes. Más tarde a Hermes Trismegisto. Y desde ahí siguió viajando por bibliotecas, manuscritos, laboratorios alquímicos y sueños de sabiduría perdida.

Continúa el expediente: El Libro de Toth III: Tabla Esmeralda, Tarot y el último secreto de Toth.

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