Davinci, piensa en lo imposible
¿qué son los sueños?

¿Que son los sueños?

Hoy quiero abordar una cuestión que, aunque pueda parecer lo contrario, no ha sido del todo resuelta por la ciencia: ¿qué son los sueños?

Existe una muy rica descripción de las distintas fases por las que nuestra mente pasa durante el proceso de dormir y soñar. Pero, no quiero en este artículo, entrar en la descripción física del sueño, sino que mi intención es adentrarme en algo mucho más conflictivo; su verdadero significado y funcionalidad.

Normalmente, se admite que la principal función de dormir cada noche, es una suerte de reparación del organismo para poder abordar el nuevo día con las fuerzas repuestas. En cuanto a los sueños, Hobson apuntaba en 1997 que eran un mero producto fisiológico de nuestro descanso, sin mayor trascendencia, que debe ser olvidado cuanto antes. El hoy tan maltratado Freud, sin embargo, pensaba que su contenido era principalmente una recopilación de deseos reprimidos, que buscaban expresarse durante nuestro descanso. La última moda es considerar que los sueños sirven para consolidar nuestra memoria y prepararnos para la vigilia.

¿Quién tiene razón?

En realidad, todos y ninguno. El ser humano tiene la tendencia de simplificar y organizar todo a su alrededor pero, a veces, la realidad no es sencilla ni se pude clasificar con facilidad. Para poder entender los sueños, lo primero que hay que entender es qué es exactamente el proceso de dormir.

Cuando el ser humano descansa, el cuerpo desconecta la mente de sus funciones motrices y también deja en suspenso sus sentidos (aunque no al 100%). Pero lo que no ocurre es que la mente deje de funcionar, muy al contrario, su actividad se dispara. La actividad cerebral durante nuestro descanso puede incluso ser mayor que durante la vigilia.

La primer conclusión es clara: dormir sirve para que nuestro cuerpo se recupere físicamente del estrés y esfuerzo de la vigilia. Sin embargo, la mente no descansa en ningún momento, sino que se dedica a una nueva actividad: Soñar.

Pero ¿por qué nuestra mente gasta esfuerzos y energía en soñar pudiendo simplemente apagarse o desconectarse como el resto del cuerpo?

Pues lo hace porque la actividad mental no es una mera actividad física sino que va mucho más allá. Nuestra mente es un enorme computador dedicado a procesar información en busca de interpretar la realidad y esta labor continua durante la noche sin interrupción, sólo que lo hace de forma distinta.

Durante los sueños la realidad es recreada por nuestra mente

Cuando estamos despiertos, nuestra mente recibe toda su información a través de los sentidos. Captamos sonidos, imágenes, olores, sensaciones táctiles o gustativas y con ellas nuestra mente crea una interpretación de la realidad que la rodea. Funciona como una suerte de interfaz que nos permite interpretar el mundo e interactuar con él.

Durante la noche todo cambia. Al dormirnos, los sentidos dejan de enviar información a nuestra mente que pasa a estar, en cierto sentido, aislada del exterior. En estas condiciones, nuestro proceso mental se invierte. Los razonamientos, deseos, recuerdos o temores son repasados por nuestra mente, que pasa a interpretarlos creando una emulación de los sentidos, que se traduce en las imágenes y emociones de nuestros sueños.

Pongamos un ejemplo para entenderlo mejor. Imaginemos que nos vamos a enfrentar a un examen del que depende nuestro futuro y empezamos a repasar este pensamiento durante nuestro sueño. Si el examen en nuestra mente nos causa ansiedad, ésta aparecerá representada por un objeto o situación que cree esa misma ansiedad, por ejemplo la sensación de estar a punto de caer. Nuestro futuro ansiado en juego puede ser representado por algo que queremos, por ejemplo nuestra pareja. De esta manera, el soñador puede verse a punto de caer por un barranco que le aleja de su pareja, algo totalmente distinto en la imagen concreta, pero ajustado en las sensaciones, a aquello que ocupa su mente realmente.

Cuando estamos despiertos la realidad que vivimos crea las sensaciones que sentimos y cuando dormimos, las sensaciones son las que crean la realidad que vivimos.

La gran pregunta que surge es ¿cuál de las dos realidades es más auténtica? Aunque pueda parecer arriesgado, me atrevería a decir que las dos son igual de auténticas. Despreciar el contenido de nuestros sueños es despreciar las emociones, sentimientos y reflexiones. que nuestra mente experimenta durante un tercio de nuestra vida. Un error incalculable.

Seguiré hablando en próximos artículos del mundo de los sueños abordando temas espinosos como los sueños lúcidos o las premoniciones.

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