Davinci, piensa en lo imposible
Tiempo circular segunda parte

Viajes en el tiempo. El tiempo circular (Segunda parte)

Como os prometí en la primera parte de este artículo ha llegado el momento de abordar un nuevo modelo temporal: El tiempo circular.

La imagen que tenemos en nuestra mente sobre la naturaleza del tiempo, y que nuestros sentidos parecen avalar, es una imagen lineal. Es decir, los sucesos transcurren uno detrás de otro, en una secuencia aparentemente ilimitada. De esta manera, a todo instante le precede un instante anterior y le sucede uno posterior. De aquí proviene la idea del pasado, el presente y el futuro. Pero, ¿y si estuviésemos equivocados? A veces hay que reconocer que fiarnos de nuestros sentidos no es la mejor idea.

Einstein nos enseñó el concepto espacio-tiempo, una realidad en cuatro dimensiones en la que el tiempo es una dimensión más, equiparable a las tres dimensiones físicas que percibimos. Para que podáis entenderlo mejor pensadlo así: podemos desplazarnos arriba y abajo (dimensión Y), a izquierda o derecha (dimensión X), hacia adelante o hacia atrás (dimensión Z) y hacia el futuro o hacia el pasado (dimensión T). Todos estos desplazamientos en nuestro cerebro se presentan como movimientos que siguen una línea recta, incluido el desplazamiento en el tiempo.

Sin embargo, la propia idea de la línea recta puede ser una mera ilusión. Si observamos una carretera desde el suelo nos parece perfectamente recta pero, si nos alejamos lo suficiente, veremos que no es  una línea sino una curva que sigue el contorno de la tierra. Es un error de percepción que explica por qué durante milenios la humanidad fue incapaz de percibir que la Tierra era redonda en lugar de plana.

¿Nos puede estar pasando lo mismo con el tiempo? ¿Lo percibimos como lineal sólo porque nuestra observación se realiza desde demasiado cerca? 

¿Es posible que, si pudiésemos observar la suficiente cantidad de tiempo, veríamos cómo éste también se curva en una circunferencia perfecta?

Puede parecer una idea un tanto extraña pero ¿no os  habéis dado cuenta de que la representación del tiempo en todas las culturas se realiza siempre en forma de círculo? ¿Es casualidad que los que llamamos segundos, minutos y horas, en realidad sean grados de una circunferencia? Obviamente, esto proviene de que utilizamos como unidad de medida el día, que no es otra cosa que el tiempo que tarda la Tierra en dar la vuelta al sol, pero, sea como sea, encontramos continuamente, ciclos, vueltas, giros…

Calendario Azteca
Calendario Azteca

Si el tiempo fuese circular significaría que, al igual que al avanzar por un círculo llega un momento en que volvemos a estar en el punto inicial, si avanzáramos en el tiempo lo suficiente, no alcanzaríamos un futuro cada vez más lejano, sino que volveríamos a nuestro pasado y finalmente a nuestro presente. 

El tiempo se estaría repitiendo en un bucle tan grande, que seríamos incapaces de concebirlo desde el pequeño instante de tiempo en que transcurre toda nuestra existencia.

Con la hipótesis del tiempo circular en la mano, estamos en condiciones de plantearnos la gran cuestión:

¿Se puede viajar en el tiempo?

Como ya comentamos en la primera parte de este artículo, la ciencia más ortodoxa admite sin ambages que el viaje al futuro es perfectamente posible simplemente alcanzando velocidades cercanas a la luz. Respecto el viaje al pasado, solo algunas teorías (utilizando agujeros de gusano, cuya existencia no se ha probado) parecen creerlo posible, aunque la mayoría de científicos lo ven como algo completamente inalcanzable para la física actual.

Con la hipótesis del tiempo circular, bastaría avanzar lo suficiente hacia el futuro para, siguiendo la curvatura del tiempo, volver a estar en el pasado (de un nuevo ciclo eso sí). De esta manera la conclusión es clara: el viaje al futuro y al pasado son, simple y llanamente, lo mismo.

Futuro y pasado se suceden interminablemente en una espiral infinita

Y ¿qué ocurre con las paradojas temporales?

La hipótesis del tiempo circular ofrece una nueva respuesta a estas, aparentemente irresolubles consecuencias del viaje en el tiempo. Y es que, simplemente, no se producen nunca paradojas. Veamos por qué.

Supongamos la paradoja del abuelo. Un viajero viaja al pasado y mata a su abuelo evitando su propio nacimiento y produciendo así una paradoja irresoluble. En el modelo de tiempo circular, el viajero llega al pasado, pero en un ciclo temporal distinto, con lo que realmente no mata a su abuelo sino el abuelo de su yo en ese ciclo temporal, alterando dicho ciclo pero no aquel del que proviene el viajero.  En el nuevo ciclo, su nuevo yo no nacerá y no regresará en el tiempo. Por lo que, en el siguiente ciclo, su abuelo nacerá de nuevo y el tiempo recobrará su ciclo inicial sin alteraciones.

En definitiva, cualquier alteración del pasado se neutraliza por si misma en el transcurso de un ciclo temporal volviendo a las condiciones iniciales en el siguiente ciclo.

Una solución mucho más elegante que no requiere de una Fe ciega en soluciones místicas ni de la creación de un multiverso con infinitas lineas temporales en las que múltiples versiones de nuestro yo pululen sin fin.

Mundos paralelos

El concepto de líneas temporales paralelas pasa a ser sustituido por el de ciclos temporales consecutivos, eliminándose totalmente la necesidad de los mundos paralelos, ya que el modelo de tiempo circular asegura por si mismo la coherencia espacio temporal.

Por hoy ya os he mareado lo suficiente, sin embargo, aún queda adentrarnos en un terreno mucho más escabroso y que ya no atañe a la física: las implicaciones filosófico religiosas del modelo de tiempo circular. Así que, continuará…

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